Durante el mes de septiembre de 2012 tuvimos la oportunidad, como participantes en el primer Workshop Eurmaroc 2012, de viajar atravesando Marruecos de norte a sur y de empaparnos de una cultura que, aun bajo unas duras condiciones climáticas y sociales, ha sabido utilizar y optimizar a lo largo de su historia, todos los recursos de su entorno más inmediato, logrando una arquitectura eficiente y ecológica que se mimetiza con el paisaje, ya sea entre palmeras y ríos o en las laderas más pronunciadas del Atlas marroquí.
Durante nuestra inmersión en este territorio, principalmente nos centramos en el valle del Draa y en las poblaciones que se encuentran en su recorrido, entre ellas algunas tan importantes como Aïdd ben Haddou o Tamnougalt, ambas consideradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
En Tamnougalt encontramos diversos núcleos datados de diferentes épocas, algunos del siglo XI mientras que otros datan del siglo XVI, ambos característicos por la arquitectura tradicional, mientras que en los barrios superiores (más alejados del palmeral), mucho más recientes y surgidos a partir de los movimientos migratorios de la zona, se han aplicado técnicas constructivas “modernas” y se han visto influenciados por la industrialización de los procesos constructivos de las grandes ciudades, provocando así una gran diferencia entre las edificaciones tradicionales y las nuevas viviendas.
La configuración arquitectónica del núcleo antiguo se caracteriza por la alta densidad de sus construcciones y por el color uniforme del barro mezclado con la paja, que proporciona a la ciudad el tono uniforme de los recursos básicos usados. La mayoría de edificaciones tienen entre dos y tres plantas (algunas hasta cuatro) por lo que las secciones llegan hasta los diez o quince metros de altura y de esta manera se crean espacios muy verticales, con calles estrechas y altas fachadas para que el sol no penetre en las plantas bajas, forzando así las corrientes ascendentes y manteniendo durante el día las calles frescas que, paralelas al palmeral, tienen una orientación este-oeste, lo que implica un mínimo asoleamiento sin la necesidad de cubrirlas completamente.
LAS TÉCNICAS CONSTRUCTIVAS DEL KSAR
Las principales técnicas constructivas del lugar encajan con la expresión de lo que hemos dado en llamar ”óptimo local”. Aunque, obviamente siglos atrás no se tenía en cuenta, de la misma manera que hoy día, el impacto ambiental, la construcción tradicional de barro recupera incluso los escombros, ya que una vivienda deteriorada se convierte en la cantera para la próxima a erigir, dado que la arcilla se puede reutilizar un sinfín de veces.
Las construcciones del ksar de Tamnougalt están asentadas directamente sobre el estrato de roca superficial del terreno, sin necesidad de cimentación. Los muros de tapial se apoyan en un murete de piedra que actúa a la vez de cimentación, así como también se encarga de nivelar el plano a partir del cual empezará el tapial, a la vez que protege el muro de las lesiones que pudiera producir el agua, tanto de lluvia como la contenida en el terreno, que ascendería por capilaridad; y también evita la posible pérdida de material producida por las rozaduras del tránsito animal y humano en las primeras cotas del muro, que es el punto débil del tapial por ser éste autoportante.
A medida que los muros ganan altura, se aligera la carga de éste concluyendo los últimos tramos con cerramiento de adobes. En algunos casos se añaden piezas formando relieves geométricos a modo de cornisa, dando así una elaboración estética muy característica en la zona. Los adobes también los encontramos en los pórticos y galerías de los patios, donde se utiliza el adobe para construir pilares y arcos, logrando así espacios con mayor transparencia.
En la coronación del muro, para evitar la erosión producida por la lluvia, normalmente se corona con una malla de cañizo sobre la cual se coloca un montículo de tierra compactada para sujetarla, formando así una albardilla, a modo de goterón y que protege del impacto directo del agua.
Las cubiertas son planas y transitables y en las terrazas, atravesando los muros, se encuentran los desagües y las gárgolas de tronco hueco de madera de palmera que ayudan a evacuar rápidamente el agua. Este es un punto débil del sistema, ya que, aunque es un clima seco, es cierto que se dan también esporádicamente días de lluvia, y al no disponer de impermeabilización, en estas circunstancias, el pueblo entero comienza a deshacerse en ríos de arcilla y paja por los callejones.
Con esta experiencia hemos podido comprobar cómo la arquitectura tradicional se adapta a las adversidades climáticas, y hemos descubierto la construcción como un arte en mayúsculas donde, para sorpresa nuestra, hasta los más pequeños del lugar conocen e interiorizan las técnicas del adobe y el tapial como algo habitual. Su filosofía de auto-constructores se demuestra imprescindible para mantener las rutinas de conservación de sus viviendas en un quehacer más de las labores familiares.