Las técnicas de construcción con tierra, especialmente las aplicadas a la construcción de viviendas, pueden considerarse las de menor impacto ambiental y de más baja tecnología aplicada. Podríamos hablar en este sentido de uno de los máximos exponentes de lo que se ha venido a llamar low tech. Recientes trabajos de mejora de estos sistemas, puesta al día y cualificación científica, hacen hoy, de la construcción con tierra, una realidad posible de baja tecnología y nulo impacto ambiental.
El Grupo de Investigación en Tecnología de la Construcción con Tierra de la Universidad de Valladolid (GrupoTIERRA-Uva), investiga y trabaja desde hace años en temas relacionados con la construcción con tierra abarcando, desde los aspectos vinculados con la tradición a los relacionados con la innovación y nuevas tecnologías. Fundado el 18 de abril de 2004, día internacional de los Monumentos y Sitios instituido por la UNESCO que precisamente, y dedicado a la Arquitectura y el Patrimonio en Tierra.
A las técnicas tradicionales del adobe, la tapia o el encestado o quincha, se unen hoy nuevos materiales en base tierra como el BTC o los paneles ligeros y una evolución de las técnicas incorporando mejoras en los moldes, encofrados, sistemas de apisonado o acabados. En ese sentido, en 2010 llevamos a cabo el Campo Experimental de Ensayos de Erosión Hídrica con aplicación de resultados en la construcción de prototipos de vivienda. Se trataba de evaluar el comportamiento frente al agua de distintos acabados dados sobre muros de tierra, construidos con fábrica de BTC. Se realizaron 9 muestras que se dispusieron en círculo, con un radio de 2,80 metros, en cuyo centro se instaló un aspersor de riego programado mediante temporizador, de manera que en 6 meses se reprodujo el ciclo de vida de 10 años. Los resultados corroboran: la incompatibilidad de los enfoscados de cemento sobre los muros de tierra, frente a la bondad de los morteros de barro; así cómo la eficacia de las microfibras vegetales como ligantes de la masa interna y del silicato potásico al 10%, como hidrofugante.
En 2011, desarrollamos varios prototipos para un teórico Programa de Vivienda para Gente Joven, en un planteamiento de vuelta al pueblo como respuesta a la crisis económica y de valores cooperativos de la sociedad, dando nuevas oportunidades a los procesos de autoconstrucción. Los objetivos se enmarcaban dentro de tres líneas.
La primera: ensayos; determinación científica de las características resistentes y de durabilidad de los materiales tradicionales y uso de nuevos materiales capaces de integrarse con los materiales tradicionales.
La segunda: oportunidades; nuevos mercados en base a nuevos materiales naturales y demanda de productos de construcción con base sostenible.
La tercera: resultados; aportar propuestas para la vivienda social de bajo coste, contribuir a la construcción de edificios saludables y poco intensivos en el uso de la energía en todo su ciclo de vida, reducción de consumo energético y emisiones de CO2
En 2012 redactamos el proyecto de vivienda-estudio en Ciruelos de Coca (Segovia), una pequeña localidad de escasos 100 habitantes. Para dar respuesta al encargo, no solo partíamos de un programa funcional de necesidades propuesto por la propiedad, sino que ésta nos solicitaba la inclusión de un material de proximidad, como es la tierra, y de una serie de aspectos bioclimáticos que deberían estar presentes en el proyecto. El programa es el de una vivienda para una sola persona, con una habitación de invitados y un estudio anejo, desarrollado todo ello en planta baja. Dado su uso para un único habitante habitual, se ha trabajado en base a una continuidad espacial entre todas las estancias. Así como, en una continuidad visual con los elementos del patio-jardín: estanque y pérgola-cenador. Decidimos partir de un modelo o esquema de vivienda lineal, de una sola crujía, con las estancias agrupadas en tren, una a continuación de la otra, y dos fachadas diametralmente opuestas en cuanto a su configuración. La fachada norte, hacía la calle, muy masiva, construida con muros de tierra, con huecos de pequeño tamaño; y la fachada sur que se vuelca hacía el patio-jardín muy ligera y totalmente acristalada.
Este encargo nos ha permitido materializar los planteamientos de la línea de investigación, que veníamos llevando a cabo en los años anteriores, confirmando su idoneidad sin renunciar a una arquitectura plenamente contemporánea. Las soluciones low tech incorporadas y la efectividad de los sistemas de acondicionamiento propuestos, han permitido obtener una calificación energética A, con un indicador de 8,7 Kg·CO2/m2.