La vivienda se eleva del terreno a través de diez apoyos puntuales de geometría piramidal. Estos, construidos con pletinas de acero, quedan enterrados en el terreno a un metro de profundidad, donde la base se ensancha hasta generar una superficie de apoyo de 1,5m². De este modo, se consigue transmitir la carga axial sin superar la tensión admisible del terreno, a la vez que se estabiliza a vuelco gracias al volumen de tierra que queda sobre la pletina. El resultado es una cimentación superficial en seco, fácilmente recuperable y con bajo impacto ambiental.
Para asegurar un comportamiento idóneo, el peso de la edificación ha de ser relativamente bajo. Se formaliza mediante una estructura ligera de madera que utiliza balas de paja revocada con tierra como aislante en la envolvente vertical, y fibra de madera en la envolvente horizontal.
El resultado es una vivienda profundamente arraigada en la arquitectura vernacular, sin dejar de lado las inquietudes medioambientales características de nuestra época. Una propuesta que busca una repercusión mínima tanto en el entorno construido como en el natural.